Espero volver a ser yo
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Nos habíamos querido tantojue 03 de julio, 2008 - 16:09 Seguridad de esta entrada: PUBLICOHay un tema que siempre me ha llamado profundamente la atención. En esta cosa de pasar del amor al odio, o a la extrañeza total.
Yo sé que el amor se acaba, o se va. O se transforma en otras cosas, algunas mejores, otras peores. Lo tengo clarísimo pues a todos nos ha pasado desde una hasta un millón de veces.
Extrañamente, a pesar de mi carácter fuerte, siempre quedado en buenos términos con mis ex, incluso cuando los cortes has sido duros y abruptos. Con el tiempo, todo pasa, las cosas se relativizan y uno puede volver a tener una relación más sana. Salvo una excepción (con un reverendo h. de p.) mantengo relaciones cordiales u en algunos casos, amistosas.
Quizá por todo esto es que me sorprende cuando la gente pasa a la categoría de “odio”.
Personas que se han amado profundamente, que conocen sus intimidades mutuas como nadie, que se han entregado con todo al otro, de repente truenan y empiezan a aborrecerse. No lo entiendo. ¿Cómo se puede alucinar tanto a quien hace un mes atrás se amaba con locura? ¿Qué tanto puede cambiar un ser humano en poco tiempo? (Ojo: me refiero a cosas relativamente normales, no a los casos donde algún miembro le hace la hipersupercerdada al otro.)
¿Cómo es que nos volvemos unos extraños con personas con las que estábamos dispuestas a pasar nuestras vidas? ¿No les parece un asunto un poco raro?
Este tipo de situaciones se vuelven más terrible cuando hay hijos de por medio, pues éstos son los que en muchos casos pagan, sin deberla ni temerla, las consecuencias.
Hay que tener claro que cuando el amor se acaba y hay hijos, uno va a tener que ver a la otra persona probablemente por el resto de la vida y que el amor que se esfumó, no fue el que le tenemos a los hijos, sino a la pareja.
Conozco muchos casos, pero en particular hay uno interesante: una amiga se separó hace unos ocho años de su esposo con el cual tuvo dos hijos. La iniciativa fue de ella, pues se enamoró de otra persona. Entiendo que el (ex) marido haya quedado dolido, con su ego hecho pedazos, con rabia y frustración pues aún la amaba. Pero lamentablemente, canalizo su ira a través de sus hijos. Los vio muy poco, no ayudo a mantenerlos, se despreocupó. Obviamente también maltrato mucho a mi amiga, sobre todo en los primeros tiempos. Apenas después de siete años, con una actitud jodida, lograron, no hace mucho, sentarse a hablar pacíficamente y él pudo expresar sus sentimientos. A partir de ahí las cosas empezaron a fluir un poco mejor; para suerte de los hijos, que ya son adolescentes, tienen salud mental para recriminarles todo lo que les faltó. Lo más triste es lo que él se perdió del crecimiento de sus hijos, y lo que ellos se perdieron de él. Tiempo perdido, irrecuperable.
Otro caso es el de una amiga que estuvo casada varios años. Un buen día y sin decir agua va, él decidió dejarla. Fue un golpe fuerte, totalmente inesperado. Pero lo curioso es que ella, además de pasar a apodarlo el finado, no quiere saber absolutamente nada de él, me prohibió tajantemente mencionarlo. A mi me sorprende pues ella lo amaba con locura y él a ella, en su momento.
Tengo la teoría de que él se desenamoró y contra eso no hay nada que hacer. Pero de ser una pareja muy sólida y cómplice, pasaron a ser extraños totales.
Soy partidaria de no renegar el pasado. No tiene sentido hacerlo, ya que es inalterable. La gente que se arrepiente de determinadas situaciones o parejas, jurando que si pudieran volver a elegir no optarían por esa persona me dan un poco de cosa, creo que no debe ser placentero vivir con esa espina.
En lo personal no me arrepiento de nada, ni siquiera del h. de p. que mencioné anteriormente. La pasé mal, muy mal, pero también esa parte cruel de mi vida me hizo ser lo que hoy soy. Y yo, afortunadamente, me gusto bastante.
Laura Drescher QUO - Julio 2008
He estado enojada muchas veces con mis parejas, al grado de terminar la relación, pero a ninguno, excepto a Daniel, le guardé rencor, siempre pensé que una ex pareja no podría ser mi amigo, que eso no existía, en algún momento me convencí, pues si veía, a un ex en particular, pasaban cosas como su fuéramos novios, con otros, podía platicar sin ningún problema, me confundía sola, pero lo que si se, es que ahora, eso de ser extraños es lo mío, bueno, mejor dicho, así quieren que sea, disque se supone es lo mejor, será?
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Laura drescher
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